Descripción
Estoy sentada en un banco del parque, en un ángulo. No es cualquiera.
El cielo color vidrio empañado se interrumpe por una estatua ecuestre.
El caballo, galopando.
Su gesto está suspendido en ese momento del galope en el que el cuello se estira excesivamente hacia adelante. La cola, escasa, flamea apenas en un ángulo descendente. Forma con la cabeza una línea bastante desarmónica.
Alguien sobre su lomo.
Podría ser indistintamente un héroe, una mujer a la que se le está por perder el pañuelo que llevaba al cuello, pero no un niño.
Si se tratara de un hombre, su heroicidad con capa o de gesto pretencioso sería sencillamente ridículo. La estatua a caballo de lo desarmónico.
Su brazo derecho se levanta hacia arriba y adelante, sin espada.
No alcanzo a ver si su mano es un puño o se abre quién sabe con qué intención.
Un gesto exagerado si es saludo, un gesto inútil si tratara de detener algo, un gasto imposible para el municipio en caso de tratarse del monumento al saludo ecuestre o al " Detente o morirás!".
Insisto en que se trata del ángulo desde donde observo, porque lo que sigue es imposible.
La estatua parece flotar sobre los árboles.
Mis pensamientos ya, en ese momento, desvariaban en la pregunta acerca de cómo representar el movimiento en la inmobilidad, cuando el avión próximo a aterrizar en Aeroparque, atravesó en diagonal el cielo por detrás del monumento.
Lo que me obligó, rápidamente, a cambiar la pregunta...en un alarde de flexibilidad que no me caracteriza.
El cielo color vidrio empañado se interrumpe por una estatua ecuestre.
El caballo, galopando.
Su gesto está suspendido en ese momento del galope en el que el cuello se estira excesivamente hacia adelante. La cola, escasa, flamea apenas en un ángulo descendente. Forma con la cabeza una línea bastante desarmónica.
Alguien sobre su lomo.
Podría ser indistintamente un héroe, una mujer a la que se le está por perder el pañuelo que llevaba al cuello, pero no un niño.
Si se tratara de un hombre, su heroicidad con capa o de gesto pretencioso sería sencillamente ridículo. La estatua a caballo de lo desarmónico.
Su brazo derecho se levanta hacia arriba y adelante, sin espada.
No alcanzo a ver si su mano es un puño o se abre quién sabe con qué intención.
Un gesto exagerado si es saludo, un gesto inútil si tratara de detener algo, un gasto imposible para el municipio en caso de tratarse del monumento al saludo ecuestre o al " Detente o morirás!".
Insisto en que se trata del ángulo desde donde observo, porque lo que sigue es imposible.
La estatua parece flotar sobre los árboles.
Mis pensamientos ya, en ese momento, desvariaban en la pregunta acerca de cómo representar el movimiento en la inmobilidad, cuando el avión próximo a aterrizar en Aeroparque, atravesó en diagonal el cielo por detrás del monumento.
Lo que me obligó, rápidamente, a cambiar la pregunta...en un alarde de flexibilidad que no me caracteriza.
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