Finales
"SUCIA"
Tendría que limpiar estos vidrios en vez de escribirlos.
Qué fea es esta calle, por Dios... encerrada por estos edificios, uno más gris que el otro. Este departamento es una porquería. Barato por la rajadura que le quedó después de la explosión de la Amia. Y bueno...fue lo que conseguí.
Ahí están cruzando la calle esas dos. Qué pena la muchachita esa...podría estar en Londres a estas horas, haber seguido su carrera... ¡pero si había ganado esa beca y todo!. ¡Quién pudiera!.
Lo sé por la encargada. Cuándo no.
La agarra fuerte del brazo a la viejita. ¿No podría haberla dejado en el hogar de ancianos? Eso es lo que tienen los judíos, se hacen responsables de lo que le pase a cada miembro de la comunidad. Pero igual...por qué no la dejó y se fue a hacer su vida, ella que puede.
La culpa, eso también es muy judío. A ella se le ve en los ojos, en cómo le aprieta el brazo por miedo a que se le escape y la pise un auto, o la tire una bicicleta. Pero debe querer que se muera, por eso la cuida tanto. Porque le da culpa querer eso.
Mi madre dice que yo debería sentir aunque más no sea un diez por ciento de la que sienten los judíos, que así no me hubieran sacado la custodia de los chicos. Así que ella cree que uno ama por culpa, que en realidad el amor no es gratis, que no se quiere porque sí, nomás. Eso le digo, y se pone furiosa.
Nunca me apoyó, pero de eso nunca dijo nada. De que Raúl me acusara de haber dejado a los chicos a la noche para ir a grabar al estudio, que los tenía a arroz, que no los llevaba al colegio. Ahí tampoco saltó por mí, para negarlo, para decirle al juez que ella me ayudaba a criarlos.
Que me gasté toda la guita en el estudio de grabación, y qué, quería que mi primer disco fuera algo importante. Basta de pedir permiso. Quería emprender mi carrera a lo grande, pisando con el pie derecho. No lo podía grabar en el sucucho de Antonio, que lo único que tiene como curriculum es el simple de Julia Zenco cuando tenía diez años.
Ahí vuelven. La hija se llama Sarita Andrea. La vieja creo que Hure o Haru, esos nombres hebreos que parecen marca de plásticos. Pobre chica, no tendrá más que treinta y cinco. El padre la jodió bien jodida abandonándolas cuando la mujer empezaba con los síntomas. Pero lo que digo, por qué no la internó. Si ella se viera en el espejo con ese color gris en los ojos, esa expresión de susto y dolor…
La vieja siempre a punto de soltarse. Tiene fuerza... la locura dá fuerzas. Por más que se esmere en controlarla algún día se va a escapar. Lo hacen todas las enfermas de Alzheimer. Se van a la calle en camisón a perseguir perros. Las devuelven con olor a pis y las rodillas raspadas.
Eso me hizo acordar de Anita, la vez que la llevé volando al jardín, que llegaba tarde y se me cayó y se raspó. Cómo lloraba, pobrecita. Pero lo peor fue esa maestra, esa hija de puta que me acusó de maltratarla, de descuidarla.
Si la semana que viene me sacan la perimetral la veré en la plaza, me lo prometió la abogada.¿ Irá la asistente social? yo quiero estar con ella sola. Tavito no quiere verme, ese es el desgraciado de Raúl, quién sabe qué le cuenta de mí. Él que cantaba tan lindo conmigo, que me ayudaba a repasar las letras, que me decía mamita qué lindo que cantás.
Apenas me alcanza para pagar esto, con ayuda de mi hermana, y comer una vez al día. Pero voy a insistir. Quiero una buena tapa para el CD, un buen manager para la difusión. A mí cómo no me iba a ir mal, si no sé cómo se hace. Bar por bar llevando el Demo, mal arreglada, cómo se iban a hacer a la idea de cómo soy en el escenario. Practicaba todos los días frente al espejo. Tengo una coreografía para cada tema.
” No nos interesa”, así nomás me decían, sin mirarme.
Pero escuchalo, le dije al último tipo que visité esa tarde.
Siguió con sus cosas, y yo ahí parada, pidiendo. Le rompí las copas. Me gritó. Le rompí las botellas de vino. Se me vino encima. Le rompí la vidriera mugrosa como los vidrios de esta ventana con el cenicero de bronce de una de las mesas. Todavía me acuerdo. Tavito me decía “no,mami, no”. Yo le explicaba que lo hacía también por él, para que vea que no me dejaba humillar, que yo iba a ser una gran artista.
No te digo, se le cayó la bolsa de las compras, le ruedan todas las naranjas. Pero ¿cómo le da la bolsa a la vieja? Es de culpa, es para que se sienta útil, ¡como si se diera cuenta de algo, la mujer!
Ay, esa chica se va a morir primero, y de un infarto. No da abasto con la madre, que no la quiere soltar. Y ahora la pobre va juntando las naranjas que se fueron cayendo al asfalto. Pobrecita, menos mal que ese hombre la ayuda. Me parece que es el obrero del edificio de enfrente. La vieja le tironea. “¡No,mami, no!” le grita. ¿Será la frase que dicen todos los hijos cuando no pueden con sus madres?
Comentarios
Publicar un comentario