La señora Mabel

Mire,  le cuento Yo acá trabajo desde hace casi 30 años con la  señora Mabel .Yo me acuerdo que tenía el pelo largo hasta la cintura como ella, pero el mío es de color muy negro. Aunque ahora  está bastante descolorido porque me tiño de rojo por las canas, ¿vio?, pero en aquel momento yo también era muy flaquita y ahora desde que me operaron de la vesícula engordé muchos kilos. Pero la señora Mabel sigue muy flaquita como cuando yo la conocí. Ella tenía en ese momento un bebé recién nacido y otros dos un poco más mayorcitos, pero sólo un poco, y yo pensé que iba a tener un trabajo terrible. Yo tenía un solo hijo pero me lo estaba criando mi mamá allá en Paraguay desde los 3 años que yo me vine a vivir a la Argentina .Pero la señora Mabel siempre fue muy sufrida y muy dulce conmigo y con los chicos y  siempre estaba con cara de angustiada o preocupada, quién sabe si por el dinero o porque no podía dormir bien .Cuando yo tuve un poco más de confianza le ofrecí que me dejara al bebé a mí cuidado y ella fuera a dormir dos horas para que pueda tener leche. Primero no se animaba, pero después se dio cuenta de que yo con los chicos era muy buena y ahí fue que me encariñé tanto con el bebé. Teodoro, así se llama, un nombre horrible para un nene tan rubiecito y bonito como yo siempre hubiera querido tener, pero el mío era morochito. Aunque tiene los ojos verdes como el papá, que no lo conoció nunca. Yo ya no tengo la foto de él porque la perdí en tantas mudanzas de casas donde trabajé con cama. Así que casi ni me acuerdo de cómo era. Cuidando a Teodoro me di cuenta de que yo era una madre natural y entonces me ocupé de él y los otros chicos y casi le diría que también de la señora Mabel, que empezó a agradecerme tanto cada vez que yo iba a esa casa, antes de mudarse a este departamento de dos ambientes. Siempre me esperaba con el desayuno como para que yo tomara fuerzas y pudiera trabajar bien,  pero la que estaba verdaderamente cansada era ella. Empecé a coserle la ropa y ella, por ejemplo, me consegíia las recetas para mi mamá o me pedia los turnos para el oculista y se preocupaba por mi glaucoma. Me explicaba todo lo médico porque ella al final se pudo recibir después de que los chicos empezaron la secundaria. Siempre me pagó un poco más que todas las otras señoras y me decía que si yo me iba, ella se venía conmigo. Se reía después de esta frase, pero hubo días que yo pensaba que era verdad. Ahora Teodoro se fue a vivir a Uruguay porque le salió un trabajo muy bueno de computación que es lo que él estudiaba, y siempre me manda WhatsApp con  palabras de cariño, y cuando viene a Buenos Aires  me trae algún regalito bien uruguayo, como él dice. Yo siempre le cuento la misma anécdota de cuando él era chiquito y quiso abrir la puerta subido a un banquito y se cayó de boca, y entre los dos le dimos patadas a la puerta, y yo le enseñé a decir malas palabras en guaraní.

Mire, es increíble que tantos años con la señora Mabel no me hayan cansado y mucho menos cuando los chicos se fueron yendo, alguno casado y otros a vivir solos. Porque fue en aquél momento en que la vi sufrir como nunca en la vida a la señora Mabel, y me siento culpable, un poco, por haber sido yo la que descubrió los cuernos que su marido le había hecho con la esposa de su mejor amigo. Nunca me lo había cruzado al Señor más de dos minutos cuando se iba a trabajar, pero ese día yo llegué a la casa y escuché los gritos desde el jardín de adelante. Ella estaba tirando toda su ropa al pasillo y la pateaba y le tiraba las fotos y rompía los retratos donde estaban los dos juntos de vacaciones y le decía cosas horribles y él no se defendía, sólo le decía "para, pará, ya me voy "

Un poco porque me dio vergüenza por él, lo ayudé rápido a meter todas sus cosas en dos valijas grandes y un bolso  y cargar todo en el auto. Pero mi corazón estaba con la señora Mabel, que se había encerrado en el baño. Como los chicos no estaban  en la casa tuve miedo de no saber a quién pedirle ayuda si ella se tomaba pastillas, o esas cosas que hace la gente deprimida, como yo sabía que pasaba. Le pedí que me abriera y ella lo hizo y me abrazó tan fuerte que casi me caigo, pero ahí me sentí un poco su amiga. La llevé a la cocina y le prepare un té. Eso siempre lo vi en las películas de dramas. Ahora miro series y no es tan común. 

Ahí fue que me contó que ese papel que yo había encontrado, y la bolsa con un regalo sin abrir, no era para ella sino para una amante, la loca de porquería que resultó ser la esposa del señor Gustavo. Yo había escuchado que ellos se reunían siempre los fines de semana. La señora Mabel me decía que tenían dos chicos de la edad de los mayores de ellos y la pasaban bastante bien y ella conseguía  descansar un poco, porque el señor Gustavo tenía un puesto muy importante en otra empresa, una empleada con cama y otra por horas. 

Entonces le conté lo que le pasó a mi prima Isabel el año pasado, en que se enteró de la amante de su marido que resultó ser la vecina, y salió a golpearle la puerta y cuando le abrió, la agarró de los pelos y le arañó toda la cara. La dejó deformada  y además, las heridas se le infectaron y casi tienen que internarla. Además el marido la debe haber matado a golpes, imagínese.

Y también le conté que cuando yo la conocí a ella, había dejado una relación con un muchacho mucho más joven que yo, al que  mantenía, y un día lo encontré en la cama con una amiga mía que me había ido a visitar. Pero le dije que nosotras tenemos la costumbre de pegar o tirar cosas y lastimar a los hombres engañadores, para hacerles daño y que queden desfigurados, así se les van las ganas de joder y con la próxima mujer tienen más cuidado.

Por eso yo preferí dejar ir a mi amiga y a él le golpeé la cabeza con la plancha. No lo dejé llevarse ni un calzoncillo, todo me quedó para mí y se tuvo que ir sin nada. Yo estuve muy mal mucho tiempo, pero después me curé y ahora me pude casar con un hombre al que le hice firmar todos los papeles para que, por las dudas, si me engaña o se muere  todo me quedé a mí. Le dije que ella tenía que hacer lo mismo y que yo le podía salir de testigo de cómo había dedicado la vida a criar a esa familia y cuidarla y hacerse mala sangre y no dormir, para que el cretino del señor le haga esa porquería.

Pero la señora no se recuperó  y por más que los chicos quisieron ayudarla  no lo consiguieron y hubo que internarla. A mí me pidieron que la cuidara una semana entera cuando volvió de la internación y ahí fue que nos hicimos tan compañeras.

 Al poco tiempo el mayor se fue a vivir con su novia y el segundo había conseguido un trabajo y pensaba alquilarse un departamento.El único que quedaba era Teodoro que estaba estudiando todo el día. La ayudé con la mudanza al año siguiente y nos acomodamos muy bien en este departamento .

Al final mi hijo pudo venir de Paraguay y está viviendo en el fondo de mi casa gracias a que la señora me regaló un montón de los muebles de la casa anterior, porque en eso me hizo caso y se los quedó ella.

Yo nunca más  le pregunté por él señor.

Espero que le haya servido lo que le conté. Aunque, para mí,  la enfermedad de la señora empezó ese día en que se enteró de la traición de su marido y la verdad es que no puedo dejar de sentirme culpable. Porque como dicen acá: ojos que no ven, corazón que no siente, y ella hubiera podido vivir tranquila dedicándose a sus pacientes y sus hijos. No sé si tengo que contarle algo más, pero usted me dice la medicación que tengo que darle y, salvo los fines de semana, yo me puedo quedar y cuidarla. El pago lo arreglo con Teodoro que gana muy bien allá en Uruguay y me escribe todos los días a mi para preguntarme como van las cosas, porque la señora Mabel ya no puede leer y está todo el día con ese dolor de cabeza sin poder levantarse de la cama. 

Y mi marido no tiene problemas porque sabe que para mí la señora Mabel es como de la familia.Mire,  le cuento Yo acá trabajo desde hace casi 30 años con la  señora Mabel .Yo me acuerdo que tenía el pelo largo hasta la cintura como ella, pero el mío es de color muy negro. Aunque ahora  está bastante descolorido porque me tiño de rojo por las canas, ¿vio?, pero en aquel momento yo también era muy flaquita y ahora desde que me operaron de la vesícula engordé muchos kilos. Pero la señora Mabel sigue muy flaquita como cuando yo la conocí. Ella tenía en ese momento un bebé recién nacido y otros dos un poco más mayorcitos, pero sólo un poco, y yo pensé que iba a tener un trabajo terrible. Yo tenía un solo hijo pero me lo estaba criando mi mamá allá en Paraguay desde los 3 años que yo me vine a vivir a la Argentina .Pero la señora Mabel siempre fue muy sufrida y muy dulce conmigo y con los chicos y  siempre estaba con cara de angustiada o preocupada, quién sabe si por el dinero o porque no podía dormir bien .Cuando yo tuve un poco más de confianza le ofrecí que me dejara al bebé a mí cuidado y ella fuera a dormir dos horas para que pueda tener leche. Primero no se animaba, pero después se dio cuenta de que yo con los chicos era muy buena y ahí fue que me encariñé tanto con el bebé. Teodoro, así se llama, un nombre horrible para un nene tan rubiecito y bonito como yo siempre hubiera querido tener, pero el mío era morochito. Aunque tiene los ojos verdes como el papá, que no lo conoció nunca. Yo ya no tengo la foto de él porque la perdí en tantas mudanzas de casas donde trabajé con cama. Así que casi ni me acuerdo de cómo era. Cuidando a Teodoro me di cuenta de que yo era una madre natural y entonces me ocupé de él y los otros chicos y casi le diría que también de la señora Mabel, que empezó a agradecerme tanto cada vez que yo iba a esa casa, antes de mudarse a este departamento de dos ambientes. Siempre me esperaba con el desayuno como para que yo tomara fuerzas y pudiera trabajar bien,  pero la que estaba verdaderamente cansada era ella. Empecé a coserle la ropa y ella, por ejemplo, me consegíia las recetas para mi mamá o me pedia los turnos para el oculista y se preocupaba por mi glaucoma. Me explicaba todo lo médico porque ella al final se pudo recibir después de que los chicos empezaron la secundaria. Siempre me pagó un poco más que todas las otras señoras y me decía que si yo me iba, ella se venía conmigo. Se reía después de esta frase, pero hubo días que yo pensaba que era verdad. Ahora Teodoro se fue a vivir a Uruguay porque le salió un trabajo muy bueno de computación que es lo que él estudiaba, y siempre me manda WhatsApp con  palabras de cariño, y cuando viene a Buenos Aires  me trae algún regalito bien uruguayo, como él dice. Yo siempre le cuento la misma anécdota de cuando él era chiquito y quiso abrir la puerta subido a un banquito y se cayó de boca, y entre los dos le dimos patadas a la puerta, y yo le enseñé a decir malas palabras en guaraní.

Mire, es increíble que tantos años con la señora Mabel no me hayan cansado y mucho menos cuando los chicos se fueron yendo, alguno casado y otros a vivir solos. Porque fue en aquél momento en que la vi sufrir como nunca en la vida a la señora Mabel, y me siento culpable, un poco, por haber sido yo la que descubrió los cuernos que su marido le había hecho con la esposa de su mejor amigo. Nunca me lo había cruzado al Señor más de dos minutos cuando se iba a trabajar, pero ese día yo llegué a la casa y escuché los gritos desde el jardín de adelante. Ella estaba tirando toda su ropa al pasillo y la pateaba y le tiraba las fotos y rompía los retratos donde estaban los dos juntos de vacaciones y le decía cosas horribles y él no se defendía, sólo le decía "para, pará, ya me voy "

Un poco porque me dio vergüenza por él, lo ayudé rápido a meter todas sus cosas en dos valijas grandes y un bolso  y cargar todo en el auto. Pero mi corazón estaba con la señora Mabel, que se había encerrado en el baño. Como los chicos no estaban  en la casa tuve miedo de no saber a quién pedirle ayuda si ella se tomaba pastillas, o esas cosas que hace la gente deprimida, como yo sabía que pasaba. Le pedí que me abriera y ella lo hizo y me abrazó tan fuerte que casi me caigo, pero ahí me sentí un poco su amiga. La llevé a la cocina y le prepare un té. Eso siempre lo vi en las películas de dramas. Ahora miro series y no es tan común. 

Ahí fue que me contó que ese papel que yo había encontrado, y la bolsa con un regalo sin abrir, no era para ella sino para una amante, la loca de porquería que resultó ser la esposa del señor Gustavo. Yo había escuchado que ellos se reunían siempre los fines de semana. La señora Mabel me decía que tenían dos chicos de la edad de los mayores de ellos y la pasaban bastante bien y ella conseguía  descansar un poco, porque el señor Gustavo tenía un puesto muy importante en otra empresa, una empleada con cama y otra por horas. 

Entonces le conté lo que le pasó a mi prima Isabel el año pasado, en que se enteró de la amante de su marido que resultó ser la vecina, y salió a golpearle la puerta y cuando le abrió, la agarró de los pelos y le arañó toda la cara. La dejó deformada  y además, las heridas se le infectaron y casi tienen que internarla. Además el marido la debe haber matado a golpes, imagínese.

Y también le conté que cuando yo la conocí a ella, había dejado una relación con un muchacho mucho más joven que yo, al que  mantenía, y un día lo encontré en la cama con una amiga mía que me había ido a visitar. Pero le dije que nosotras tenemos la costumbre de pegar o tirar cosas y lastimar a los hombres engañadores, para hacerles daño y que queden desfigurados, así se les van las ganas de joder y con la próxima mujer tienen más cuidado.

Por eso yo preferí dejar ir a mi amiga y a él le golpeé la cabeza con la plancha. No lo dejé llevarse ni un calzoncillo, todo me quedó para mí y se tuvo que ir sin nada. Yo estuve muy mal mucho tiempo, pero después me curé y ahora me pude casar con un hombre al que le hice firmar todos los papeles para que, por las dudas, si me engaña o se muere  todo me quedé a mí. Le dije que ella tenía que hacer lo mismo y que yo le podía salir de testigo de cómo había dedicado la vida a criar a esa familia y cuidarla y hacerse mala sangre y no dormir, para que el cretino del señor le haga esa porquería.

Pero la señora no se recuperó  y por más que los chicos quisieron ayudarla  no lo consiguieron y hubo que internarla. A mí me pidieron que la cuidara una semana entera cuando volvió de la internación y ahí fue que nos hicimos tan compañeras.

 Al poco tiempo el mayor se fue a vivir con su novia y el segundo había conseguido un trabajo y pensaba alquilarse un departamento.El único que quedaba era Teodoro que estaba estudiando todo el día. La ayudé con la mudanza al año siguiente y nos acomodamos muy bien en este departamento .

Al final mi hijo pudo venir de Paraguay y está viviendo en el fondo de mi casa gracias a que la señora me regaló un montón de los muebles de la casa anterior, porque en eso me hizo caso y se los quedó ella.

Yo nunca más  le pregunté por él señor.

Espero que le haya servido lo que le conté. Aunque, para mí,  la enfermedad de la señora empezó ese día en que se enteró de la traición de su marido y la verdad es que no puedo dejar de sentirme culpable. Porque como dicen acá: ojos que no ven, corazón que no siente, y ella hubiera podido vivir tranquila dedicándose a sus pacientes y sus hijos. No sé si tengo que contarle algo más, pero usted me dice la medicación que tengo que darle y, salvo los fines de semana, yo me puedo quedar y cuidarla. El pago lo arreglo con Teodoro que gana muy bien allá en Uruguay y me escribe todos los días a mi para preguntarme como van las cosas, porque la señora Mabel ya no puede leer y está todo el día con ese dolor de cabeza sin poder levantarse de la cama. 

Y mi marido no tiene problemas porque sabe que para mí la señora Mabel es como de la familia.



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