Perder

 

Dije (me escuché decir) que con él yo había tenido un recreo en la vida.

Que me amó y me dejé amar. Que me empujó a ser feliz sin esfuerzo. Que nos quisimos casi como hermanos y que el deseo nos dejó descansar pronto.

Dije (me escuché decir) que hasta entonces y después de él, mi vida fue un sacrificio. Que merecía sufrir para pagar cada decisión que confundí con la verdad.

El deseo era algo que no se podía admitir. Un régimen moral determinaba los pecados, uno a uno, a través del ojo que todo lo ve.

Dije, (me escuché decir), que vivía pidiendo perdón en la vida. Por todo, por cada lugarcito mendigado, por cada pensamiento de rebeldía. Hasta su llegada yo no sabía que se pudiera mirar el mundo con ojos felices y boca asombrada de risa.

Dije (me escuché decir) que fue la pena más grande que se terminara ese amor. Que hoy lo retengo en los pasos que caminamos por las veredas, juntos. En la nostalgia de los aritos que perdí. En el sobre secreto donde guardo para siempre sus cartas. En la esquina donde la lluvia arrasó con el primer beso.

Decir la verdad, decir lo que hay que decir, eso lo hace cualquiera.

Escucharse, no.

 

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