Recuerdo encubridor
Todavía no
sé pensar, pero escucho los sonidos y reconozco que son voces. Conocidas,
superpuestas, de intensidades variables, entre las que están la de mi abuela,
mi madre y mi tía preferida.
No sé
caminar. Me las ingenio para desplazarme y me siento. Los pañales amortiguan el
frío. Miro hacia abajo, los escalones
son blancos. Miro hacia arriba y el reflejo de la pequeña ventana por la que se
cuela el sol de la mañana, tiñe del color del agua el resto de la escalera.
Parece un inmenso mar de escalones. No sé pensar pero siento
alegría y libertad. Es como haber descubierto un nuevo juego.
No entiendo
las lágrimas de mi abuela, mientras ve a mi madre correr escaleras abajo y
levantarme en sus brazos.
Ella dice:
la encontré.
Yo me río.
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