Tanto amor para dar y no tener a quién.
-Esta es la esquina, seguro, Nelly. Leí bien.
-Qué raro, nunca me hubiera imaginado, mirá vos…pero
es verdad que pasó tanto tiempo. Cómo cambió todo, entonces ¿no? La descripción
no tiene nada que ver. De estos edificios no hablaba, por ejemplo. tampoco del
tránsito.
-¡No!, no pasó tanto, no. Es el problema eterno de las
ciudades.
Cada vez más
cosas, más negocios, más obras. ¡Cuidado!
-Ay, qué animales, casi me pisa. Tenés razón. ¿Me das
el brazo para cruzar? Me siento insegura, Marta.
- Pero no vamos a cruzar. Lo vemos desde acá. Mirá, me
hice un croquis. Así debería ser la carpa. La busqué en un Larousse viejo que
tenía mamá. Mirá, fijate.
-¡Así era? qué antigua,¿no?. pero claro, bien grande.
Las lonas eran gruesísimas, no como ahor…
-¡Cuidado Nelly por favor!
- Ay, me salpicó toda la pollera. Qué torpe que soy.
- Vení, no nos acerquemos tanto al cordón. Desde acá
atrás se ve bien, también.
- Pasan colectivos a cada rato, y autos y autos…qué
fastidio. Pero bueno, empecemos. ¿Habrá habido tanto ruido?
-Seguro que no, porque Puig dice que era un sábado a
la mañana. Bueno, Tomás Eloy Martínez dice que estaban caminando y Puig le
señaló la carpa. Y era sábado. Creo.
- Me lo imagino…todo nervioso y emocionado, me lo
imagino restregándose las manos antes de entrar a la carpa. Era la hora del
almuerzo de los obreros, ¿no?
-Sí. Y se había ilusionado con ese que lo miraba y lo
miraba. Martínez no lo vio, así que nosotras podríamos imaginarlo y ponerlo en
el cuento.
-Seguro que era un machote, rudo, de esos que le
gustarían a él, tan fino. Me miré todos los videos en Youtube. Qué bien
hablaba.
-Y una semana después ya lo había rechazado el
hombrón. Era casado. Se sacó las ganas y le hirió el corazón. Martínez dice en
el libro que vio el dolor en su gesto cuando volvieron a pasar por acá y Manuel
le pidió apurar el paso. Soñaba con
esperar a su hombre algún día, atenderlo, prepararle la comida…nunca lo
consiguió.
-Pobre Manuel, tanto amor para dar y no tener a quién.
-Esa frase me gustó, querida. Podríamos empezar por
ahí.
-Ay, puede ser…a mí también me gusta, sí. La del final
la escribís vos, Martita, por favor. Ya me acuerdo y me dan ganas de llorar.
-Pobrecito, mi querido…
II
-¿A dónde decís que fueron? ¿ponés la pava? ¡con
cuidado, por favor, Angelita! Acordate del otro día que casi se incendia todo.
-No es cierto, che. ¡Y cuidadito con contarles a las
chicas que no saben nada! Era un repasador viejo, qué tanto… y bien que tengo
reflejos todavía. En un segundo lo metí en la pileta y se apagó.
-Sí, claro, reflejos… justo vos… ¡los que te hacías en
el pelo, dirás!
-Mira que sos jodida, Elenita.
-¡No me llames Elenita! Te lo pido por favor. ¿Pero
sabés o no sabés dónde se fueron las locas de Marta y Nelly?
-Bueno, esas “locas” como vos decís… sí, claro que sí
sé. ¿Viste lo que está haciendo Marta? Ese taller de cuentos del grupo de
jubilados de Quilmes.
-¡No me digas que se fueron a Quilmes con este día!
Pero ¿ella no va sola y los viernes?
-Pero cómo se te ocurre que van a ir a Quilmes, Elena.
Fueron al Centro, o por ahí, a buscar unos lugares que tienen que ver con ese
escritor que les gusta a las dos…ese que Marta eligió para contar un cuento. Y
a Nelly le encanta, así que le pidió si la podía acompañar. Marta le ofreció
escribir entre las dos. Imagínate la alegría de Nelly.
-Últimamente Nelly se pone contenta por cualquier
cosa.
-No es para menos, a nuestra edad tener un festejante.
-”La solterona enamorada” ¡Ese cuento tendría que
escribir!
- Qué mal llevada que sos, ¿eh?.Se me va a pasar el
agua otra vez por escucharte… ¡sos la maldad, Elena! No me acuerdo si querías
mate o té… ¡ya me
olvidé! No puedo prestar atención a tantas cosas. Ahora, vos
disculpame, pero desde que enviudaste te pusiste más jodida.
-Un té, Angelita… un té. Pero dejá, me lo hago yo. Ya
me pones de mal humor. Vos sos una vieja distraída. Prefiero ser mala a
distraída.
-Ay ay, Elenita… es como dice Pancho. Pero bueno, cada
uno hace lo que puede, ¿no? Ahora que te miro desde acá ¿no tenés que teñirse
las raíces? Te creció un montón.
-No me lo nombres al paparulo de tu hijo. Igual al
padre, paz descanse junto con el mío. Aunque mi Roque no sé si estará en el
cielo, el muy…bah. Ya pedí turno y Nené viene mañana. ¿Vos querés hacerte algo
también? así le digo que venga dos o tres horitas.
-No te metas con mi Óscar, o te quemo. Él era más
bueno que el pan. No, yo me voy a hacer las manos pero la semana que viene,
cuando cobre la jubilación. Decime, este aparador ¿no lo pintarías de blanco?
el verde oliva le gustaba mucho a mi mamá pero está tan gastado. Y saltada toda
la pintura, no sé.
-A este mueble habría que tirarlo de una vez,
Angelita. Debe estar en la cocina desde el tiempo de tu bisabuela. No quiero
hacer cuentas que me deprimo. ¡Anda y abrí la puerta, que tocan el timbre hace
rato! ¡anda y deja de decir pavadas!
-Qué sorda que estoy…y vos te ponés insoportable,
Elena. ¡Ya va, ya va!
-Sí, sí, dale… andá. Solamente a mí se me ocurre buena
idea vivir con estas tres. ¡La mala suerte de no tener plata! Tendría un
departamento en pleno centro para salir por ahí…eso si vos, Roquito, no te
hubieras jugado todo a los burros… En fin…una de las pocas ventajas de ser
viuda, hacer lo que se me cante, y no lo puedo aprovechar. Muy lindo Floresta,
pero acá no hay un cazzo.
-Elenita. ¡Elenita, querida! ¿tenés unos pesos para el
muchacho? ¡me quedé sin cambio!
-Distraída, sorda y amarreta. ¡Ya va,ya va! ¡No
grites, que sorda todavía no estoy! Pero espérame porque con estas rodillas… en
fin… además, desconsiderada.
III
-¿Y? ¿Sentís que te inspiraste?
-Ay, Nelly, querida… sos tan ingenua. Vamos que se
hizo tarde para volver. Con todo lo que está pasando en la calle, nosotras
somos candidatas. Y encima si nos tiran, nos rompemos los huesos.
-Ay, no Marta, no digas eso, la boca se te haga a un
lado, por Jesús.
-Es que es así, Nelly. Vos porque estás enamorada te
pensás que el mundo está lleno de gente buena y mariposas.
-No te rías de mí. Sí, estaré enamorada pero no soy
estúpida. Solo miro el lado positivo de las cosas, pienso en positivo y lo
bueno aparece, es así. Vos deberías.
-¿Vos volviste a ver a ese Claudio María Domínguez?
¡Pero por favor! te llena la cabeza de estupideces, Nélida.
-Puede ser, pero no ando amargada y con miedo por la
vida. Mirá a Elena.
-No critiquemos, Nelly. Vamos yendo y te cuento la
idea. Eso es pensar en positivo, también. Vamos a escribir un cuento sobre
Puig, o a intentarlo.¿ No
te emociona? Amamos a ese hombre.
-Claro que me emociona pensar en un alma tan
torturada, solitaria, frágil. ¡Y cómo escribía, Dios mío!
-Yo tomaría esa anécdota, la del fracaso con el obrero
de la esquina. Por ejemplo, todo lo que él piensa que puede llegar a conseguir
alguna vez, describir los encuentros a escondidas entre las herramientas y el
pozo de la vereda…
-¿Pero te parece contar la escena de…de, bueno, qué sé
yo…de dos hombres…
-Nélida, por favor. Si vamos a intentar ser escritoras
nos tenemos que olvidar de las pacaterías, ¿eh?. Dos hombres teniendo su
encuentro sexual.
-Me cuesta, pero tenés razón. Al fin y al cabo los
homosexuales son personas como uno. ¿No?...¡Ay! ¿Qué dije esta vez? ¿Por qué
ponés esa cara?
-Dejá, Nelly. No importa. Es un enorme esfuerzo para
nosotras, pero lo tenemos que hacer. Fuimos criadas para ocultar todo, para no
hablar de lo que no se debe. Todavía estamos a tiempo, yo te voy a ayudar.
-Menos mal que vos nunca dejaste de hacer cursos, de
estudiar, Marta. Y encima la única que se animó a divorciarse en esa época.
¡Cómo te debe haber costado!
-Mejor no me acuerdo. Aunque hoy siento que me
hicieron un favor dejándome sola. Aprendí a arreglármelas. ¡Cómo se puso papá!
¡Un año sin hablarme! Pero, por eso, hay que avanzar, querida. Y hoy están
estas chicas, como las del taller, que no sabés lo que son. Unas divinas, todas
“pañuelo verde”, estoy aprendiendo tanto de ellas, algún día las vas a conocer.
Ya llegamos a la parada. Ahí viene el colectivo.
Prestá atención al subir, por favor. Yo saco.
-No, no, dejá que hoy traje la tarjeta… esta vez no me
la olvidé. ¿Sabés que Horacio tiene auto? ¿te conté?
-Dios mío, no te digo… ¡cabeza de novia! No me río
Nelly, me alegro. Pero dale subí de una vez que nos dejan pasar.
IV
-¿Qué te pasa, Elenita? estás pálida ¿te sentís bien?
-Yo nunca me siento bien.
-Hoy estás imposible. Me voy a ver la novela, no te
aguanto. Te iba a invitar, pero seguro que hacés que la protagonista se
suicide.
-No me importa que no me invites, Angelita. Ayer vi la
de Niní Marshall y no te avisé. Así que estamos a mano.
-Mira si serás, ¡vos no estás bien, querida!
-¡Chicas! ¡llegamos! ¿dónde andan?
-Acá estamos, Marta. Una que yo sé, con un humor de
perros, hoy.
-A que yo sé de quién se trata… ¡pero se le va a pasar
cuando sepa que le trajimos churros! ¡y rellenos! ¡y bañados en chocolate!
-¿Ves, Angelita? Nélida sabe bien cómo se me va la
mufa… los churros rellenos me pueden.
-Dejen de cacarear y pongan el agua de una vez. Me
estoy muriendo por unos buenos mates con estos churros.
-Yo las dejo, chicas. Me voy a ver la novela al
cuarto. Hoy parece que se le declara, nomás. Qué muchacho lento. Ya está por
empezar, las veo en la cocina en una hora. Martita, vos que sos buena, guardame
uno… más no puedo, ustedes ya saben. La glucemia al borde.
-Anda tranquila, después nos contás.
-Mientras se hace el mate voy a poner el lavarropas.
¿Ustedes tienen algo para lavar? Queda lugar para un par de batones.
-Comete un churro antes, Elena. Mirá que si no, corren
peligro en la mesa.
-Mientras se calienta el agua, un minutito, en un
santiamén, así ya me olvido. Ah, y le corto las manos a la que se coma los
míos.
-¿Y esta carta?
-Ay, no sé, Nelly. Dale, vení, sentate. Estoy
reventada, me quiero poner las chancletas ya. Con lo que me gusta salir y este
juanete desgraciado
-Pongo el agua y voy, ahí voy.
-Qué alivio. Ahora sí, tenía los pies hirviendo. Me
voy a quedar descalza un rato. Ultimamente además se me están hinchando mucho
los tobillos. ¿Vos cómo andás de tus rodillas, Elena?
-Listo, ya queda todo lavadito. Como siempre, Marta,
como siempre… pero después este churro ni me voy a acordar.
-Elena, ¿vos sabés quién trajo esta carta?
-¿Quién va a ser, Nelly? ¿el perro de la esquina?
¡Pero mira que sos tonta! El cartero ¿quién va a ser?
-Qué mala onda, che. Bueno, está bien, lo que pasa es
que hace mil años que no recibo a una carta.
-No me digas qué es de tu enamorado porque nos morimos
acá mismo. Encima de los churros.
-Para que sepan, él me manda WhatsApp todos los días.
Acá dice… esta carta es de Italia… algo del consulado.
-Dame un mate Marta, que esto viene para largo. A ver,
abrila y develamos el misterio.
-Hay chicas, que nervios. No veo nada… dónde dejé los
lentes…
-Los tenés en la cabeza de novia que está encima de tu
cogote. ¿A quién tenés en Italia todavía?
-Y… deben estar los tíos abuelos allá, en Torre
D’orsaia, cerca de Nápoles.
-Ajá. Mientras me tomo un mate para bajar esto ¡y
comete uno que ya casi no quedan!
-Sí, es de Torre D’Orsaia.
-¡Y dale! leela, querés.
-Acá dice que el último de la familia, Antonio
Ferruggio, el hermano menor del tío Cósimo, si no recuerdo mal, se murió hace
un mes.
-Bueno… Dios lo tenga en la gloria. Aunque nunca lo
conocí no me cuesta nada desearle el cielo.
-No, mejor no. Eran todos comunistas, eso sería una
maldición. Pero acá dice, ojo, yo no los conocí, tenía como 100 años. ¡Estos
tanos son eternos! Pero no entiendo…
-Dame Nelly, a ver si te ayudo. Y vos no revolees los
ojos, Elena.
-Gracias Martita, no entiendo nada, tomá.
-A ver… a ver acá dice que figurás en una base de
datos y certificaron que sos la única
familia que queda de este hombre que murió. A ver, déjame seguir
leyendo… ¡Nélida! ¡Sos la heredera de tres propiedades de los Ferruggio en el
pueblo!
-¿Qué? ¿Cómo? ¡No puede ser!
-Una herencia. Pero qué antigüedad.
-Callate, Elena, no seas mala o voy a pensar que sos
envidiosa. Sí, sí, ellos allá son muy prolijos con estas cosas, no como acá que
ya estarían ocupadas y después sacalos si podés.
-Ay, no lo puedo creer, chicas. ¿Y eso qué quiere
decir?
-Por lo general que cuando se recibe una herencia es
porque se hereda algo y vas a recibir algo que heredaste y…
-Elena, basta. Esta es la última vez que te traigo
churros.
-Cállense un poco ustedes dos. Nelly, acá dice que
tenés que viajar con toda la documentación que tengas de la familia para tomar
posesión de tres casas de un total de 600 m cuadrados construidos. Y acá figura
la dirección de cada una.
-Pero yo justo ahora… Ay… pero yo ahora no puedo.
-Y si Nélida, se murió justo ahora. Te mandan la carta
para que vayas ahora. Será de Dios… me voy a ver el lavarropas, no te aguanto
más, pareces tonta, no vieja.
-Andá, andá… qué fatal esta mujer. Pero ¿a vos qué te
pasa, Nelly? Es una buena noticia, tu oportunidad de viajar al pueblo de tus
abuelos y después, si querés, podés vender las propiedades ¡y te haces de una
fortuna! Tenés el pasaporte, acá dicen que te pagan el pasaje si sos mayor de
75… ¿qué te pasa?
-Ay, Martita…¿Y Horacio? ¿Qué hago con Horacio?
V
-Hola, princesa…qué bonita se ha venido hoy.
-Usted también está muy guapo…qué elegancia.
-Es que tengo que estar a la altura de semejante
beldad. ¿Vamos al Botánico a dar nuestro paseo?
-No sé, Horacio.
-¿Qué le ha pasado a la dama? Una sombra ha caído
sobre su rostro angelical…
-Qué bueno sos, Horacio. Este rostro de dama antigua,
querrás decir. Es que…
-¿Me tengo que preocupar? ¿Pasó algo?
-La vida, mi querido. O la muerte…de un pariente que
no conocí, allá en Italia, el pueblo de mi familia paterna. Recibí una carta
con la noticia.
-Pero, no entiendo. Es por ese pariente desconocido
que estás tan triste? Vamos, caminemos mientras tanto.
-Hay algo…a lo mejor saber que ya no queda nadie más
que yo de esa familia…no sé, estoy sensible. No tuve hijos, mi hermano murió
hace dos años, él tampoco se casó. Me da tristeza el paso de los años, la soledad…
-Pero…Nélida…acá tenés un pañuelito, me queda uno…mi
querida…sé que no hace tanto que nos conocemos, pero pensé que te daba un poco
de felicidad nuestro encuentro. Dos personas que hoy pueden acompañarse a
nuestra edad. ¿No era que te hacía feliz? ¿Hay algo más?
-Claro que me hace feliz lo nuestro, querido. Tanto
que a veces pienso en los años perdidos sin conocernos, todos los sueños que
podríamos haber realizado…ay, Horacio, qué raro todo.
-Veamos, sentémonos en este café y charlemos
tranquilos. Me preocupa todo esto, Nelly.
-Para mí un cortadito, por favor. Me va a venir bien.
-Para mí uno bien cargado. Doble. Con crema.
-¿No te va a hacer mal, Horacio? ¿Qué te dijo el
cardiólogo?
-Estoy bien, querida, no es ese el tema hoy. Vamos,
decime qué te sucede. Soy todo oídos.
-Bueno…en esa carta de Italia que te dije, además de
esa noticia me dieron otra: soy heredera de todo lo que hay allá, en el pueblo,
cerca de Nápoles. Las casas de mis bisabuelos, los abuelos y los otros
parientes, incluído ese tío abuelo o algo así, de cien años que murió hace un
mes.
-¿Y eso te ha puesto tan mal?
-Es que…tengo que ir allá para hacer todos los
papeles, disponer de esas propiedades…resolver qué hacer. Soy bastante tonta,
no tengo quién me acompañe…
-Tomemos el café, se está enfriando. En fin, nada de
todo esto es grave. Conozco gente del consulado que hasta te puede ir a recibir
al aeropuerto si…
-Ya me lo ofrecieron, es un servicio, como dice Marta,
del primer mundo. Ellos me arreglan todo, hasta me acompañan con un notario…¿notario,
se dice?
-Sí, creo que es como un escribano. Pero eso que
dijiste, que sos tonta…
-Ay, es verdad, Horacio. Yo no tengo muchas luces, eso
se nota.
-Eres mi luz en esta vida, mi reina.
-Basta, Horacio. No me hagas llorar.
-Está bien, está bien. Pero es la verdad. En fin, yo
te puedo ayudar a pensar qué hacer con todo eso. Si venderlo, ubicar alguna
inmobiliaria que se encargue…o alquilar las casas. Invertir, si preferís. ¡Es
tu oportunidad de tener una casita propia, como querías! Dejar de vivir con tus
amigas, sobre todo con esa Elena que es bastante…
-Claro que sí. Ya pensé todo, ya Marta me averiguó
todo allá. Hasta tengo una familia amiga de una compañera de ella del taller de
escritura que me ofreció hospedarme. La idea es vender y traer el dinero.
-Pero ¿ves? Tu dulzura inspira a la gente a ayudarte,
es cierto lo que te dije de la luz, Nelly. No llores, por favor. ¿Hay algo más?
-¡Es que me voy por un mes entero, Horacio! En menos
de un mes no puedo resolver todo lo que hay que resolver. ¿Y nosotros?
-¿Nosotros, qué, Nélida? ¡Por Dios, mujer, no puede
ser que te angusties así!
-Es que es mucho tiempo, Horacio. Para nosotros es
mucho tiempo. Esperé mucho enamorarme algún día, te conocí y hasta imagino
que…que podríamos vivir juntos pronto…dejar de perder el tiempo y ser felices,
cuidarnos, atendernos, mirar películas, cocinar algo rico cada noche…
-¡Mi amor, mi querida! ¡Claro que es mi sueño también
y en un mes podríamos estar más cerca de realizarlo con esta noticia! ¿No te
das cuenta? Es como un regalo…porque sabés que no tengo plata, siempre fui
sincero. Por supuesto que todo lo que compres estará a tu nombre, yo no
permitiría otra cosa.
-¿En serio, Horacio? ¿De verdad viviríamos juntos?
¿Por qué no me dijiste nada hasta hoy? ¿No lo decís para consolarme?
-No me animaba a decirte lo mucho que quería, Nelly.
¡Si no tengo un cobre! ¡Ni a mi casa puedo invitarte, que vivo en una pensión!
En breve pensaba hasta vender el autito, no lo puedo arreglar. Viviríamos de
mis changas, de mi jubilación de la fábrica. ¡Cómo podría decirte “conmigo pan
y cebolla”! ¡Si ni cebolla podría comprar para dos!
-Ay, Horacio…ahora me hacés reír, cómo sos…¿Ves que
soy una tonta?
Una miedosa, una exagerada. Y vos tan comprensivo.
-Y vos tan buena…me gusta hacerte reír. ¿De qué tenés
miedo? ¿Del avión? Porque el idioma es fácil, vos algo sabés, con un poco que
puedas practicar…
-No, nada de eso. Es que…tengo miedo de que no me
extrañes. De que te olvides de mí.
-Ahora soy yo el que se ríe…ay, tontita…
-¡Ah! ¿Viste que soy tonta, nomás?...y bueno, dame un
beso, dale. Basta de vergüenza de mostrar que somos felices.
VI
-¿Quién era?
-Nelly.
-Dios y la Virgen santísima.
-¿Le dijiste?
-Cómo se te ocurre, Elena.
-Está como loca. Y todavía tiene como para una semana
más.
-Para dos semanas, me dijo mi compañera. Allá la están
atendiendo todo lo que pueden, pero ya no saben qué hacer.
-Qué desgracia, Marta…qué desgracia.
-La vida es así, Angelita. Si lo sabremos nosotras…
-No, Elena. Todas nosotras tuvimos una vida. Yo hasta
tengo un hijo, que hoy es una bendición, Virgen Santa. Perdimos a nuestros
maridos, sí, pero formamos una familia, vivimos en un hogar. Ella, pobrecita,
por Dios querido…
-Basta de santos, Angelita, ya está bien. Tenés algo
de razón. Pero ella no tuvo que comer arroz por un mes porque el marido se la
jugaba toda en los caballos, como me pasó con Roque. Te aseguro que en esa
época quería ser soltera. La envidiaba a Nelly, con eso te digo todo…
Qué se le va a hacer…siempre se desea lo que no se
tiene.
-No sé qué vamos a hacer. No sé si tenemos que decirle
la próxima vez que llame. Me dijo mi compañera que había pedido si la ayudaban
a hacer una llamada con cámara, que nos quería ver, que quería pedirnos una vez
más que averiguáramos.
-El otro día la atendí yo. Ya sé que no soy muy
amable, pero hasta me pareció que la ayudaría haciéndola sospechar que tal vez
se fue con otra…
-¡Elena!
-¡Elena!
-¿Qué? ¿Ahora hablan a dúo? Miren…yo soy de la idea de
decir las cosas así, de frente, a lo bruto, sí, pero ¡corte, palo y a la bolsa!
Qué tanto. Al final, sino, es una agonía eterna…
-Pero cómo se te ocurre manchar el nombre de Horacio
con semejante sospecha, pobre hombre, más bueno no podía ser, Dios sant…¡por
favor!
-Basta, chicas. Está bien. Le voy a decir a Agustina
que le diga a su familia que la ayuden a que nos contacte con cámara por Skype
o algo así. Yo más o menos me arreglo.
-Ay, Marta, por Dios, la Virgen y todos los Santos del
Cielo…
-¿No será mucho?
-Te aseguro que no van a alcanzar las sábanas para
enjugar ese río. Pobre
Nélida. tanto amor para dar…
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