La salud

Primero me dio pena. 

Pensé que ella no tenía nada que la hiciera feliz y me sentí culpable. 

Como si tuviera relación su amargura con mi felicidad. Esas leyes falsas con las que se compensan las vidas en interpretaciones erradas.

La vi mirar mi alegría con ojos torvos y rictus amargo, pero me dije que era mentira.

La escuché reclamar mi atención cuando ya era tarde y creí que era cierto.

Le di mi hombro, mi tiempo, mi oreja, pero no fue nunca suficiente.

Le di mi familia, mi hogar, mi festejo, pero eso no contó para ella.

Necesito tomar distancia de su sacrificio. Me mortifica y ya no me da pena.

Por suerte asomó la punta de un saludable odio.


Comentarios

Entradas populares